Carta del señor Darcy

27 Feb

Queridos lectores:

 

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Tristán e Isolda (verdadero romance) por Rogelio Egusquiza

¡Cuántas cosas se han dicho y se dirán sobre el amor! Tal vez todas se parecen y es que ya se ha dicho tanto…

Prefiero hablarles de las novelas de romance. Escogí el nombre sugerido por Guillermo Cabrera Infante porque novela rosa o novela romántica me suene a dislate.

Para mí, las novelas, hablen de amor o de muerte, se publican sobre papel blanco. Rara vez he visto alguna con hojas de colores diferentes.

Es verdad que las tapas, ahora especialmente, pasan del magenta al negro con la misma facilidad que un político deja de ser honesto para convertirse en corrupto. No creo, sin embargo, que los colores sean apropiados cuando se resume un contenido, toda vez que el rojo puede usarse tanto para simbolizar el amor como la muerte.

Por otro lado, la novela romántica es el nombre con el que los doctos doctores se refieren a la literatura escrita durante el periodo del Romanticismo, en los siglos dieciocho y diecinueve.

Si bien es cierto que las historias escritas durante este tiempo solían tener cargas poderosas de amores frustrados y pasiones incontrolables, no sería justo decir que los europeos nos pasamos setenta años escribiendo melodramas… como Jane Austen.

Pasadas estas precisiones antipáticas, tan naturales en alguien como yo, el señor Darcy, es correcto que definamos cuáles creo que son las características de una novela de romance:

Uno punto y raya: debe haber besos.

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Ni Jane Austen lo conoció…

Dos punto y raya: la historia debe estar centrada en dos personas dispuestas a enfrentar una serie de obstáculos para estar juntas. La idea es que el amor siempre se abre camino y el libro debe comprobarlo.

Tres punto y raya: hay un final feliz. ¿Si el amor no vence qué clase de amor es?

Cuatro punto y raya: siempre hay buenos y malos. Los malos pierden al final y los buenos triunfan, resumiéndose esta victoria en la recompensa de amor eterno, justo, leal, dulce, maravilloso, perfecto, etcétera, etcétera, etcétera.

Esta estructura puede sonar a cliché, pero tiene sentido. Incluso una misteriosa logia llamada Romance Writers of America ha escrito un canon que incluye ingredientes parecidos a los mencionados (se puede consultar en su página web).

La novela de romance se ha cruzado siempre con otras variedades como la ciencia ficción, el terror y el erotismo. Los resultados a veces se ven como Frankenstein o la loca del muelle de San Blas.

Imagínense los poderosos logros económicos que consigue una editorial mezclando naves espaciales, mundos destruidos, látigos, esposas de terciopelo y besos franceses.

Pero existen historias de amor que no siguen este esquema, me dirán ustedes. Es verdad, precisamente de esas quiero hablarles.

El amor no es tan fácil como decir “vine, vi y vencí”. Hay romances insatisfechos, rechazos, engaños… De manera que reducir una trama a un simple “inicio, nudo y final” es imposible.

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Cumbres borrascosas by Luis Buñuel

Para ejemplificarlo acaso podríamos recurrir a tres novelas muy diferentes, pese a que el amor es el eje más o menos explícito: Cumbres borrascosas, Fiesta y La invención de Morel.

En el primer libro tenemos la historia de un hombre que decide vengarse de las familias que lo rechazaron, incluida la de la mujer que amaba, pero que lo abandonó para casarse con otro. El odio es tan poderoso que alcanza no solo a su generación, sino a la siguiente.

La novela, con los años, se convirtió en una referencia de la literatura inglesa, sin embargo, al principio fue vista con escepticismo por los críticos, especialmente por su estructura, tan poco frecuente en los libros de aquella época.

Se trata de un relato que usa la técnica de la matrioska o caja china, es decir que una historia contiene a otra.

Hay elementos que hacen de esta novela una pieza muy original: la estructura, el tema del odio (capaz de destruir a varias generaciones) y el escenario.

Las descripciones de las tierras de Yokshire y el paralelo que hace entre su clima y los sentimientos de los personajes son propios de un pintor impresionista.

Por otro lado, Fiesta de Ernest Hemingway cuenta la historia de dos personas que se aman profundamente, pero se rehúsan a estar juntas.

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Hemingway optó por el título “The sun also rises” porque el sentido taurino de “Fiesta” no lo comprendería el público estadounidense.

Casi durante sesenta páginas, en las que nos hemos topado con un desfile de borrachos, prostitutas, toreros y soldados de la Primera Guerra Mundial, no tenemos la menor idea del porqué estos dos espíritus se frustran y se embriagan, pero no hacen el amor.

Después, se revela un secreto terrible, de la época de la Gran Guerra, que impedirá el triunfo del amor.

Él se resigna a amarla en silencio. Ella a buscar en otros hombres lo que perdió en él.

Ambos están condenados al fracaso.

La estructura de la novela es crucial. La técnica del “dato oculto” hace que una historia aparentemente trivial de expatriados estadounidenses en París se transforme en un drama opresivo y frustrante.

Por último, La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares es una novela de ciencia ficción, pero también de amor imposible.

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Bioy Casares era un entusiasta del cine. En esta novela se evidencia cuánto…

Al principio, el narrador – protagonista parece conducirnos a través de los derroteros de un relato fantástico hasta que aparecen una mujer y un rival perverso.

El héroe se empeña en salvarla, sin embargo, su abulia lo obliga a posponer cualquier acción.

Cuando finalmente decide intervenir se da cuenta de que es imposible porque la ciencia, Dios y el hombre están en su contra.

El descubrimiento lo transforma. El otrora cobarde “náufrago” se condena a una eternidad al lado de la mujer que ama. De ninguna manera, hay un triunfo del amor.

Solo el lector de la novela podrá comprender el sentido de este absurdo.

Bioy Casares era playboy, millonario y gran escritor. Tres cosas que yo, mister Darcy, jamás llegaré a ser.

Quizá en su carácter estaba la respuesta a la paradoja que nos plantean estas novelas: se puede tener a todos los amantes del mundo, mas, en la medida en que no sintamos la plenitud individualmente, siempre quedarán el vacío y la insatisfacción.

El pie de Lord Byron

29 Ene
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Lord Byron con traje albano. Imagen extraída de Wikipedia.

Edward Trelawny llegó tarde, Lord Byron había muerto de fiebre seis días antes. Su cuerpo estaba embalsamado.

Se había borrado la marca que la pasión imprime en la piel. Su rostro blanquísimo, como cincelado en mármol, no tenía arrugas y su expresión era serena.

Griegos e ingleses se empeñaban en desmembrar el cadáver. Trelawny debía protegerlo, pero fue el primero en violarlo.

Descorrió la sábana y miró esos pies que, por pudor, se evitaban mencionar.

El poeta había vivido con una deformidad congénita: las piernas no eran simétricas y los pies estaban torcidos. Sus dedos se cerraban, tratando de hacer puño.

Los deseos del poeta no se cumplieron: el velo que cubría su deformidad se descorrió y, además, el cadáver fue abierto.

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La tumba de Lord Byron en Notthinghamshire. Foto tomada del sitio Tokitan.tv.

Los ingleses solo consiguieron sacar de Grecia un cuerpo sin corazón.

Dos meses después, el muerto llegó a Londres, pero el deán de la Abadía de Westminster se opuso a que enterraran a un libertino en tierra sagrada.

La peregrinación terminó en Nottinghamshire, feudo de los Byron.

En 1938, un canónigo profanó la tumba para demostrar a los incrédulos que nadie había tocado al muerto por más de un siglo.

Por efectos del embalsamamiento, el cadáver estaba en buen estado, solo su pierna se había desprendido. El cuerpo aún no se resignaba a su deformidad.

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Lápida en Westminster. Foto original en el sitio Poets’ Graves.

Hace unas semanas visité el Poets’ Corner en la Abadía de Westminster y mientras contemplaba la tumba de Chaucer y la del Matusalén inglés, Thomas Parr, pisé una lápida. Pertenecía a Lord Byron.

Un guía turístico pasó a mi lado. Dijo que la absolución inglesa para el poeta llegó en 1969.

Lo dejaron en su sepultura original, pero dándole un espacio en Westminster, cerca de donde reposan varios deanes como el que quiso impedir su ingreso en esa tierra sagrada.

Apócrifo

6 Dic
Toledo, 12-09-2006.- Imagen de una de las obras que componen la exposición sobre Dalí que se inaugura mañana en Cuenca. ©Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Cuenca, 2006

El Quijote a través de los ojos de Dalí. ©Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Cuenca, 2006

La segunda parte de la novela cayó en sus manos cuando aún estaba inconclusa y solo la muerte podía vengarlo.

Buscó al plagiario entre escritores y escribidores, amigos y enemigos, pero hasta su nombre era apócrifo.

— Debe ser un poeta

— Pero el libro tiene errores que un escritor no cometería.

— Es una trampa para desviar la atención.

El autor, entonces, decidió ejecutar su venganza – el nombre del enemigo aparecería tarde o temprano, sin duda –. Se sentó frente a la mesa y se puso a garabatear sin pausa, despreciando la llegada del alba o de la noche.

Meses después, la venganza estaba lista:

… suplico a los dichos señores, mis albaceas, que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe, porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos.

Era el año 1615. El autor que se escondía bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, el plagiario, jamás apareció y Cervantes había comprendido que la única forma de vencerlo – a él y a cualquier otro impostor – era matando al Quijote.

Linaje de asesino

13 Nov
Nathalia Pushkina

Nathalia Pushkina

Le entregaron la carta a Pushkin después del desayuno. Decía que su mujer era una puta.

Intentaron convencerlo de ignorar el anónimo. Era imposible porque él estaba seguro de la identidad del autor.

Se trataba de Georges D’Anthès, militar alsaciano al servicio de la corte rusa y un seductor en toda regla.

Natalia Pushkina lo había rechazado, pero él jamás toleraba un no por respuesta.

En la guerra y la política, aceptar una negativa es sinónimo de fracaso. ¿Por qué el amor iba a ser diferente?

D’Anthes y sus compinches divulgaron entonces una serie de cartas en las que humillaban a los Pushkin. El poeta quedaba como un pusilánime y su mujer como una prostituta.

El duelo fue inevitable.

Sin ánimo de evitar los clichés, se hizo al amanecer, luego  de una noche nevada. Escogieron las pistolas para batirse.

Hubo un disparo y Pushkin cayó. La sangre brotaba de su vientre, pero pudo reincorporarse, hiriendo en el brazo a su rival…

Unas horas más tarde, dos oficiales llegaron a la casa de Georges D’Anthès, llevaban una carta de Pushkin y su orden de arresto.

El poeta lo perdonó antes de morir.

Georges D'Anthès

Georges D’Anthès

— Ese es D’Anthès, el biznieto del hombre que mató a Pushkin – le dijeron a Neruda en París.

Quiso conocerlo.

Era encantador. Amante de las intrigas políticas – como su ancestro –, pero reacio a hablar del “incidente ruso”.

— ¡Calumnias, fue un santo!

El poeta insistió

— Mire, señor Neruda: mi bisabuela prohibió hablar del tema y ni después de muerte nos atrevemos a contrariarla; recuerde que Natalia Pushkina era su hermana.

El color de los tulipanes

31 Oct
Amaterasu, la diosa del sol

Amaterasu, la diosa del sol

El estudiante japonés era brillante. La Sorbona lo becó para que obtuviera un doctorado en literatura inglesa.

Los profesores lo admiraban por su capacidad para los idiomas y su gran cultura.

Con frecuencia hipnotizaba a sus compañeros con historias sobre Japón, plagadas de máscaras demoniacas, festivales de fertilidad, guerreros y haikus.

Las mujeres lo veían como a un ser mitológico: feo, pero misteriosamente atractivo.

La noche en que la estudiante holandesa fue a su casa para cenar, el cielo estaba despejado en París. Era junio, la primavera daba paso al verano.

Ella se sentó a la mesa. El estudiante japonés le había ofrecido comida típica.

Hablaron de Amaterasu, la diosa del sol.

— Se encerró en la Cueva Celestial y el mundo quedó en penumbras.

Le dijo que todo moría por la falta de luz.

La holandesa quiso saber cómo hicieron para que la diosa saliera de la cueva.

El japonés fue a la cocina y ella volvió a preguntar.

— Con un espejo – dijo al fin.

De pronto, un estruendo y luego, silencio.

Días más tarde, la policía descubrió a un hombre intentando sumergir dos maletas en el lago del Bosque de Bolonia.

Lo detuvieron.

En la estación, declaró que la carne humana era suave como el atún y la grasa, amarilla como el maíz o ciertos tulipanes.

— Me llamo Issei Sagawa y soy poeta – concluyó.

El único traidor de América

9 Oct
Una de las novelas de Kilgore Trout (¡imposible hallarla en Quitolandia!).

Una de las novelas de Kilgore Trout (¡imposible hallarla en Quitolandia!).

La entrevista al “único traidor de América”, Kilgore Trout, naufragó sobre la piel rosada de Marilyn Monroe.

En diciembre de 1953, Playboy publicaba su primer número con los desnudos de la estrella de “Some Like It Hot”. Solo “America’s worst enemy” podía competir con ella.

El autor de la entrevista fue un periodista desconocido que visitó a Trout en la prisión federal de Finletter, Georgia.

Hefner, igual que había hecho con las fotografías de Marilyn Monroe, compró el artículo para publicarlo como exclusiva.

“¿Siente arrepentimiento por haber traicionado a los Estados Unidos de América?”

“No tengo patria, vendo periódicos.”

Durante la entrevista, jamás se menciona que Trout había publicado un centenar de novelas de ciencia ficción y miles de relatos.

Para el entrevistador y el público en general, era un pobre diablo que se ganaba la vida repartiendo periódicos.

“¿Usted es comunista?”

“No. Más bien me gusta el aislamiento.”

“Muchos dicen que no es un criminal, sino un loco…”

“Como usted y todos los que dicen eso.”

La entrevista fue publicada poco después del estancamiento de la Guerra de Corea. El escritor se oponía a la intervención estadounidense.

Marilyn Monroe en Playboy.

Marilyn Monroe en Playboy.

Trout fue liberado un par de meses después, pero debía asistir al siquiatra una vez por semana y hacer trabajos comunitarios.

Nunca cumplió su sentencia y a nadie le importó.

En 2006, el escritor tuvo un infarto. Cierto adivino le dijo, horas antes, que George Bush volvería a ser presidente de los Estados Unidos.

La noticia del futuro lo mató.

Para cerrar la entrevista de 1953, el periodista soltó:

“Usted dijo que si el país se involucraba en la guerra, debía desaparecer…”

“Dije que debía irse a la mierda.”

En la página siguiente un pezón de Marilyn Monroe se erguía, indiferente a las sutilezas de la política.

Cuando Eva Green se desnudó para el doctor Frankenstein

2 Oct

Artículo publicado en colaboración con la web de la Ciencia Ficción en Ecuador de Iván Rodrigo Mendizábal.

La industrialización transformó a Londres en una ciudad tuberculosa.

La tecnología había despuntado, pero mientras los eruditos especulaban sobre el éter en sus mansiones, una masa de menesterosos se arrastraba por las calles.

Imagen para promocionar Penny Dreadful de Showtime.

Imagen para promocionar Penny Dreadful de Showtime.

Los Jack the Ripper acechaban en los callejones para arrancar las vísceras de las putas y los campesinos sentían recelo por esos científicos que conservaban monstruos africanos en sus laboratorios.

Entonces, el terror se puso de moda, surgiendo una publicación que entregaba espantos a cambio de un penique: “Penny Dreadful”.

El siglo veintiuno, igual que el diecinueve, está marcado por el miedo.

Las amenazas de antes son parecidas a las de hoy. El cáncer ha reemplazado a la tuberculosis y los ataques suicidas a la artillería alemana.

Los gustos también son similares.

Poe y los marcianos de Wells se han desempolvado y el cine y la televisión se apropian de ellos para satisfacer una remozada erótica de la sangre.

Showtime, marca de televisión conocida por producciones transgresoras, empezó a transmitir, desde mayo del 2014, una serie que extrae los personajes de las novelas de terror victorianas adaptándolos al mundo contemporáneo.

El resultado está cargado de sexo, humor negro y una trama tan perturbadora como original.

La inocencia del siglo diecinueve que se mantenía gracias a las cadenas de la moral, se quiebra, desnudando el gigantismo o la menudencia de las creaturas de Mary Shelley u Oscar Wilde.

La serie, como no podía ser de otra manera, se llama “Penny Dreadful”.

Eva Green está poseída por un demonio. Literalmente.

Eva Green está poseída por un demonio. Literalmente.

La trama, en apariencia, es sencilla: la vidente Vanessa Ives (Eva Green) y sir Malcolm Murray (Timothy Dalton) contratan a un pistolero estadounidense (Josh Harnett) y al doctor Frankenstein (Harry Treadaway) para rescatar a Mina Murray que ha sido secuestrada por vampiros.

Sin embargo, estos personajes son mucho más complejos y aterradores que los literarios porque comparten nuestras pasiones. Son más sinceros: sienten miedo, sangran y se consumen en libido.

El doctor Frankenstein de Showtime.

El doctor Frankenstein de Showtime.

La serie está infectada por ese virus contemporáneo cuyo síntoma más claro es el anhelo de desacralizar.

Víctor Frankenstein es uno de los más intrigantes. Es un hombre que sufre por el anhelo de crear a otro ser que lo entienda. No lo mueve la curiosidad científica, sino el pánico a la soledad.

Acepta cazar monstruos para conseguir dinero. No le interesa la lucha contra el mal.

Con el avance de la serie nos enteramos que su criatura, a la que da vida por azar, no es la primera. El primogénito también vive y termina asesinando a su hermano, como Caín a Abel.

Frankenstein, el dios fracasado que ha repudiado a su primer monstruo, comprende que está ligado a él y se convierte en su cómplice.

Lo ama. Lo odia. Mata por él. Crea por él. En la relación de ambos hay mucho más que la resignación de un padre para con su hijo, hay erotismo, atracción por la oscuridad.

De todas maneras, el sexo no parece interesarle – ignora los acercamientos de Vanessa Ives –, pero no porque sea impermeable al placer, sino porque el orgasmo biológico ha sido sustituido por el creativo.

La serie de Showtime tiene varios puntos altos – los actores, por ejemplo –, pero lo principal es la perspectiva del relato.

Eva Green se come a Dorian Grey...

Eva Green abusa de Dorian Grey…

No se trata de un simple cuento de fantasmas, tampoco de una historia de amor adolescente escondida entre la mitología vampírica, es un retrato de los tiempos actuales, con humanos mucho más terroríficos que las criaturas fantásticas.

En el siglo diecinueve los monstruos espantaban porque eran el arquetipo de lo desconocido. Hoy asustan precisamente por lo contrario: son nuestra imagen reflejada en un espejo.

El robot de Ramón Gómez de la Serna

1 Ago

Gomez de la Serna y su muñeca inflable...

Gómez de la Serna y su muñeca inflable…

Ramón Gómez de la Serna coleccionaba toda clase de objetos en su torre de la Calle Velázquez, pero las joyas más valiosas eran las muñecas de cera.

Se sabe que el escritor tuvo dos: la primera murió de “rotura irreparable” y la segunda, después de que su sexo helado inspiró cientos de greguerías, fue abandonada por amor a un robot.

Un contertulio del Café Pombo le contó a Ramón que en Alemania habían fabricado una autómata capaz de mover cabeza y brazos.

El escritor no pudo resistirse.

Embarcaron al robot en Hamburgo. Iría por mar hasta territorio vasco y luego, por tierra, a Madrid.  Jamás llegó.

De Alemania enviaron un telegrama para Ramón, explicándole que el barco llevaba buen viento hasta que al entrar en el Cantábrico, el mar se agitó. Pese al empeño de los marineros, el naufragio fue inevitable.

Ramón estaba devastado. Era el viudo de una esposa que nunca pudo tocar.

En 2001, Telefé Noticias entrevistó a cierto estibador vasco exiliado en Buenos Aires desde los años de la Guerra Civil Española.

Antes de concluir, el periodista hizo una pregunta sobre escenas o personajes que le hubieran impresionado.

El anciano habló del sobreviviente alemán de un naufragio que había decidido aislarse de la gente, cerca de San Sebastián. El extranjero con fama de loco despertaba la curiosidad de todos los vecinos.

Fue a espiarlo, descubriendo a una mujer desnuda sentada en el sillón de la sala. El alemán la besaba una y otra vez, pero ella, frígida, no dejaba de mirar la misma ventana desde donde acechaba el vasco.

“Sus ojos eran los de una muerta, pero le juro que movía el cuerpo”, concluyó.

Hemingway contra Borges

25 Jul
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Hemingway y su concepto del arte.

“Me divertí muchísimo con usted o tal vez deba decir gracias a usted, por eso y porque no suelo responder si no es con los puños, he decidido ignorar la mierda que escribió sobre mi ‘Tener y no tener’”.

Así empieza la última de las dos cartas que Hemingway envió a Borges.

“No me malentienda: no le guardo rencor”, continúa Hemingway, “incluso he decidido hacerle un regalo”.

El obsequio consistía en una edición “in quarto” de “Rey Lear” del año 1620.

En la carta, el estadounidense le explica a Borges que cierto amigo en París descubrió, “no me dijo dónde o cómo”, esa tercera edición “in quarto” – se conocían solo dos – y que pese a ser una joya, “está dispuesto a venderla por un buen precio a un amante de Shakespeare. Sé que usted cumple mejor que yo con esa condición”.

Borges y Bioy, casuales, burlándose de Hemingway.

Borges y Bioy, casuales, criticando a Hemingway.

Para entonces, la obra de Borges ya era conocida en Europa, por lo que, según Hemingway, no fue difícil convencer al coleccionista para que vendiese el libro. Concluye la carta con las indicaciones para contactarlo, adjuntándose algunas fotografías.

La historia hubiera quedado inconclusa, pero en 1999 se hallaron fragmentos de un diario de Bioy Casares que mencionan el episodio[1].

Borges, pese a sospechar un engaño, no pudo resistirse y le propuso a su amigo que le hiciera un préstamo. “Naturalmente, jamás pensé en cobrárselo”.

El dinero llegó a Francia, pero el libro no a Argentina.

Enviaron cartas, contactaron amigos, sin conseguir cosa alguna. El comerciante se había esfumado.

Borges estuvo amargado durante meses, hasta que una tarde, después de almorzar con Silvina Ocampo, le pidió a Bioy que lo acompañara al correo.

“A estas alturas, importa poco lo que piensen de mí, pero si no mando esta carta estaré intranquilo. Tome, léala.”. En inglés decía:

 

Hemingway:

 

Felicitaciones, la broma lo ha convertido en uno de sus personajes. Claro, usted y yo sabemos lo poco que valen.

 

Cordialmente:

 

J.L Borges

 

[1] Ediciones Destino no los incluyó en “Borges” (2006), acaso respetando la decisión de Bioy Casares de eliminar los fragmentos en el proyecto original.

Diccionario enciclopédico de clientes de librerías

14 May
Así es como quedan las librerías cuando los empresarios se dan cuenta de que no son rentables...

Así es como quedan las librerías cuando los empresarios se dan cuenta de que no son rentables…

Más o menos tres años estuve encerrado en dos librerías de centro comercial a las que conocía con el sobrenombre de “La Cueva” (Cueva 1 y Cueva 2, en realidad), básicamente porque pasaba allí desde que salía el sol hasta que se ocultaba.

No es exageración decir que podría producirse una catástrofe nuclear o una invasión extraterrestre, mientras los libreros, totalmente ignorantes del destino del planeta, limpian los estantes polvorientos.

Bueno, sí hay una hipérbole: las paredes de los centros comerciales, fabricadas con cartón, no resisten ni a los clientes que se arriman en ellas, menos aún bombas atómicas o sofisticadas armas del espacio exterior, así que en cualquiera de los escenarios los libreros morirían, pero en la inopia.

Por otro lado, ese aislamiento exterior permite conocer a fondo las interioridades de los clientes, es decir la pata de la que cojean, no solo en cuanto a los hábitos de lectura, sino a su carácter y manías. En ese sentido, creo que estoy capacitado para bosquejar una tipología del “homo qui legit”.

Es conviene, en todo caso, advertir que los tipos mencionados a continuación corresponden a personas reales, no hay ni un ápice de ficción en ellos, por lo que tiene todo el derecho de sentirse ofendido si “le queda el guante”…

 Lea también la crónica de mi último día como librero.

La madre tiránica:

Es una mujer de convicciones fuertes, con principios lectores sólidos, ¡ilustradísima! Por lo general, es una feminista que se considera dueña de una sensibilidad artística sin límites porque ha visto en internet dos pinturas de Frida Kahlo, pero jamás ha escuchado de Benedetta Cappa o Remedios Varo.

Usted la puede encontrar en las secciones infantiles de las librerías despotricando contra su hija de cinco años porque quiere un libro de princesas de Disney y no “algo educativo”.

El curioso que observe la escena – incluida la perorata de quince minutos donde la madre habló, acomodándose sobre el hombro su cartera Louis Vuitton, en contra del capitalismo, Mickey Mouse, la sociedad, Dios, Belén, los pastores, el perro, el machismo, Alí Babá – no debe maravillarse cuando surja de atrás de un estante la MADRE de la madre tiránica, como un “deus ex machina”, para decir: “hijita, ¿por qué le gritas a la guagua? Cómprale lo que quiere, si vos tenías una colección de muñequitas de Disney…”

 

Los “otakus”:

Bueno, lo admito. A mí también me gustan los cómics. Sí, sí, sí...

Bueno, bueno, lo admito. A mí también me gustan los cómics…

Una mañana helada, mientras limpiaba la sección de fotografía, llegaron a la tienda tres chicos ataviados con enormes abrigos. Eran dos hombres y una mujer, ella sostenía una cadena en su mano derecha con la que arrastraba al más alto y flaco de ellos. Este sonreía, jadeaba y hasta ladraba. Una compañera me susurró: “¡es un ‘kemonomimi’!”

La chica arrastró a su pokemon por toda la tienda, dándole cariñosas nalgadas a veces, reprendiéndolo cuando no cumplía una orden o intercambiando con él y el otro muchacho besos franceses en la sección de literatura infantil.

Finalmente, se plantaron ante mí indignados al descubrir que no teníamos el paquete completo de las Cincuenta sombras de Grey con esposas de terciopelo y los demás juguetes.

Los otakus leen, aparte de los mangas, novelas juveniles y de terror. Pueden pasar horas metidos en la tienda y, por lo general, se marchan sin comprar nada (descargan los cómics de internet), llevándose sus diademas con orejas de gato a una convención de fanáticos de las historietas con entrada libre.

 

“Los que han leído todo”:

Primera foto de Puñetas junto a su sufrido padre.

García Márquez, víctima de la crítica especializada en Bukowski.

Estos personajes no solo se pasean por las librerías (pasear es el verbo adecuado porque jamás gastan un céntimo), también es posible hallarlos en los festivales de cine independiente (gratuitos), bares alternativos (donde intentan que otros gasten por ellos), conciertos de “trip hop” (gratuitos) o en cafés (en los que no consumen nada). Se la pasan hablando durante todo el día y no es raro que utilicen lenguaje rebuscado para seducir a chicas vestidas con camisetas espartanas cuyo único adorno consiste en dos símbolos del género femenino entrelazados.

No hay cosa que se escape a su amplísimo bagaje cultural. Según ellos, han leído TODOS los libros y ninguno se escapa a su crítica ácida.

Desde Sófocles hasta Vargas Llosa, la literatura del mundo está plagada de imbéciles a excepción de Bukowski, “el único escritor que vale la pena porque le vomitó en la cara a la moralina burguesa estadounidense después de una noche de putas y alcohol” (lo que suena bastante bien, salvo porque el vómito es la única metáfora que le calza a esos libros)…

Lea también “Los lectores se congelan en Quito”.

Las socias del club de lectura:

“¡Soy amiga de [inserte el nombre de cualquier político, empresario o famoso hijo de vecina], atiéndame primero!”; “¿cómo que no hay descuento?, soy del club del libro ‘El desgraciado hijo de Orión’;  “¿cómo se atreve?”; “¿no me conoce?”; ¡llamaré a mi marido para que le cante sus tres verdades!”; “¿o sea que no puede devolverme el dinero solo porque compré el libro hace dos años, no tengo factura, está arrugado y le faltan dos páginas?, ¡es nuevito!”; “¡pésimo servicio!”; “¡nunca más volveré a esta librería!”

Estas frases definen a la típica socia de un club de lectura. Nunca quieren pagar el precio completo del libro, aunque usualmente les sobra el dinero y no tienen empacho en despilfarrarlo en una tienda de ropa, pero por UN libro, jamás querrán pagar el precio justo. Invocarán a todo el santoral de empresarios del mundo librero o a sus amigos, esposos y amantes, solo para obligar al librero a cumplir con sus designios.

Son peligrosísimas y no precisamente por sus influencias, sino porque han provocado que los escritores de novelitas y novelotas rosas e insustanciales ahora se reproduzcan como gremlins en una lavacara de agua helada.

 

Los sexualmente NO explícitos:

Siempre se debe ordenar con lógica (sexual) una librería (¿?)...

Siempre se debe ordenar con lógica (sexual) una librería (¿?)…

“Señor, ¿puede prestarnos ese libro de ‘Las cincuenta sombras de Grey’? De verdad no vamos a comprarlo… Es que queremos saber de qué se trata…” Con estas frases se acercaron a mí una pareja de jóvenes. Les entregué el libro mirándoles con una expresión que seguramente era producto de la risa contenida y la incredulidad.

Al poco, los vi sentados con los rostros colorados y carcajeándose mientras leían. Yo, un voyerista consagrado, me aproximé con disimulo, esperando algún escenario pornográfico, mas, mis esperanzas se fueron al tarro de la basura al escuchar que la mujer, acalorada, decía: “amor, ¿te das cuenta de las pendejadas que lee tu mamá?”

En este grupo también están los adolescentes que piden “El principito”, pero terminan comprando “El kamasutra de la masturbación” o “Sea una puta en la cama”…

Lea un crónica de estas y otras lindezas acerca de los lectores de las Cincuenta sombras de Grey…

 

Este artículo se ha prolongado demasiado y podría hacerlo aún más, teniendo en cuenta que faltan categorías como: “adolescentes que leen biografías de OTROS adolescentes con cuenta de YouTube”, “niñas obsesionadas con las novelas románticas”, “escritores que compran sus propios libros para regalar”, “viejitas adictas a las revistas de tejido”, “profesores universitarios enamorados de Foucault”, “aprendices de empresarios que quieren alcanzar el éxito en una semana”, etcétera, etcétera, etcétera…

El caso es que si bien el tópico de “dime qué amigos tienes y te diré quién eres” es dudoso, aquel de  “dime que libros lees y te diré cómo eres” es indiscutible. Fin.

Ayuda a las víctimas del terremoto de Ecuador

17 Abr
Imagen de Twitter sobre los destrozos del terremoto.

Imagen de Twitter sobre los destrozos del terremoto.

Ayer, 16 de abril de 2016, alrededor de las 19 horas, la tierra tembló en Ecuador. El epicentro del terremoto fue en la costa del país, entre las ciudades de Pedernales, Santo Domingo y Esmeraldas. La magnitud: 7.8 puntos en la escala de Richter.

Es una tragedia que ha dejado devastadas a varias poblaciones especialmente en la región costera.

El epicentro del terremoto de Ecuador

El epicentro del terremoto de Ecuador

Como sucede en estos casos, surgen una serie de iniciativas en las redes sociales para ayudar a las víctimas, lo que es muy respetable, aunque lamentablemente la mayoría terminan siendo tan inocuas para los que las necesitan como riesgosas para los que las proponen por la desorganización y la falta de una coordinación seria.

En esa medida, el blog La rue Morgue decidió poner a la disposición de todos los amigos que están dentro y fuera del Ecuador algunas herramientas y nombres de instituciones a través de las que se puede canalizar la ayuda.


Para los familiares de los desaparecidos:

Cruz Roja Ecuatoriana: lo más recomendable; llena el formulario como se indica en la página enlazada y envíalo por correo electrónico.

El “People Locator” de la U.S. National Library of Medicine, que ha creado una página especial para el rastreo de los desaparecidos. Una herramienta muy buena.

Localizador de personas de Google: herramienta de este buscador de internet donde se puede ingresar información de personas que se han encontrado y de personas que se buscan en las regiones afectadas por el terremoto.

#DesaparecidosEC: un “hashtag” de Twitter en el que se puede difundir fotografías de los familiares desaparecidos. El alcance de esta herramienta es muy alto, pero se recomienda tener discreción porque no toda la información es rigurosa. De todos modos, es una alternativa que manejada con precaución puede ser muy útil.


Para la gente que quiere ayudar:

Las donaciones en dinero – en cualquier parte del mundo – se pueden realizar a través de la Cruz Roja, utilizando PayPal, en el sitio oficial que la organización ha habilitado para tal fin: ¡NO ESPERES MÁS, HAZLO YA!


 

El Ministerio de Inclusión Económica y Social también activó varias cuentas y mecanismos de ayuda. El primero se puede realizar a través de depósitos en efectivo desde Ecuador o desde otros países:

Los números de cuentas y los bancos a través de los que se pueden hacer los donativos.

Los números de cuentas y los bancos en los que se pueden hacer los donativos.

El segundo mecanismo es la donación de comida, ropa, etcétera:

donación objetos

Las cosas que se pueden donar y las direcciones.

donaciones direcciones

Sectores Donación

donaciones 3


La UNICEF Ecuador también está ayudando a los ecuatorianos y recibe donaciones. El teléfono de contacto es: 1800 500 100.

unicef


El Partido Izquierda Democrática también mantendrá un centro de acopio de donaciones en Quito, en su sede nacional (calles Polonia y Vancouver), a partir del lunes 18 de abril.

donaciones izquierda democrática


Otros puntos que estuvieron activos en Quito, coordinados por el Patronato Municipal San José, son:

voluntarios Quito

Si quieres ser voluntario puedes ponerte en contacto con la institución telefónicamente al 022283915, en la extensión 112, pero recuerda que debes estar listo para correr riesgos y enfrentar situaciones y escenarios difíciles; si no crees que eres capaz, es preferible que dones o ayudes a catalogar los materiales antes de que sean transportados. ¡Se puede cooperar mucho sin salir de la ciudad!


Finalmente, La rue Morgue recomienda tomar con precaución la información que se obtiene a través del internet y recurrir a las alternativas arriba mencionadas para canalizar la ayuda, toda vez que no todo lo que se lee en la red es confiable y seguro.

Minutos después del terremoto se desperdigaron noticias sobre posibles tsunamis, cataclismos sísmicos nuevos a nivel continental, conspiraciones internacionales imperialistas y hasta invasiones extraterrestres, todas – se supone – relacionadas con el desastre. Lo cierto es que ninguna merecía la menor atención, pero provocaron pánico adicional.

Hay que tener en cuenta que el activismo de redes sociales a veces es poco serio o sensato y suele provocar más daños, pese a las buenas intenciones que pueda tener (cuando las tiene)…

El adivino Julio Verne

3 Abr

Artículo publicado en colaboración con el blog Ciencia Ficción en Ecuador de Iván Rodrigo Mendizábal el 29 de marzo.

Julio VerneLos transeúntes paseaban cerca del teatro donde iba a estrenarse una adaptación de “La  vuelta al mundo en 80 días”. Dentro, había un terrible ajetreo. Según los rumores el propio Verne daba sus especificaciones acerca del decorado y del montaje.

De pronto, se escuchó un estruendo y, acto seguido, un fuerte barrito. Un elefante gris hizo su aparición derribando la entrada del teatro, al tiempo que echaba a correr calle abajo con un sujeto encaramado sobre su lomo. Este gritaba con entusiasmo más que con miedo: “Allez! Allez! Allez!”

Humano y animal aparecieron unas horas después en otra manzana. El primero no era otro que Julio Verne, quien se había subido sobre el elefante para explicar cómo quería que se representase cierta escena de la obra, pero con tan mala fortuna que, en ese mismo instante, una parte del decorado se desplomó asustando al paquidermo.

Julio Verne, desde joven, soñó con los peligros del mar y una vida llena de acción, mas, la figura dominante de su padre lo frustró, dejándole, como único escape, la ficción.

Borges afirmaba que los escritores son cobardes que, incapaces de protagonizar su historia, la escriben. En el caso del escritor francés se cumple el axioma, pero entendiéndose la cobardía como el miedo a enfrentar primero al padre que alimenta y luego a la pérdida de la zona de confort burguesa que alcanzó con el transcurso de los años y la publicación de sus novelas. Si hay algo más terrible que la pobreza es el miedo a caer de nuevo en ella.

En todo caso, esta suerte de cobardía tuvo resultados fantásticos: Julio Verne logró unificar su pasión aventurera con la científica. Y es que si fue un viajero frustrado, en mayor medida fue un científico reprimido. La necesidad de aventura, no obstante, se desahogó en escritos y la de ciencia en lectura.

Verne consumía con deleite artículos de áreas tan variadas como geología, física, biología o química, alimentando su imaginación con descubrimientos, monstruos, leyendas platónicas y máquinas extraordinarias.

Incluso Cantinflas y David Niven se subieron al globo de Julio Verne...

Incluso Cantinflas y David Niven se subieron al globo de Julio Verne…

Pronto, su sed de aventura y de conocimiento se fundieron creando una obsidiana homogénea de la que, poco a poco, arrancaba lascas para convertirlas en relatos, unas veces más científicos que otras.

Pero ¿cómo es que este proceso aparentemente tan simple le sirvió para predecir adelantos técnicos? ¿Era un vidente? La respuesta es mucho menos astrológica de lo que cabría esperar: Verne no predijo nada, pero sí conjeturó con la misma habilidad que un científico contemporáneo sugiere la existencia de universos alternos o partículas elementales. El secreto fue la observación atenta de los descubrimientos de su época, junto con una imaginación nutrida por libros antiguos y contemporáneos.

Julio Verne no fue un simple agorero de la ciencia, fue un visionario que supo construir conjeturas aceptables y lógicas, basándose únicamente en la observación y la lectura. Fue un soñador, sí, pero no de aquellos que se limitan a la elucubración desbocada, sino de los que derriban los límites impuestos por la lógica y el tiempo solo con imaginación y curiosidad.

Muerte al atardecer

23 Mar

“¡Escribo para mí!”, se defendió el joven poeta peruano antes de que alguien pensara siquiera en hablarle durante el recital.

Su paisano era diferente. Hablaba con soltura de cervezas, musas, vagabundos y hasta se reía, esforzándose en bajar del pedestal de la Universidad San Marcos.

Poetas urbanos contemporáneos...

Poetas urbanos contemporáneos…

El primer poeta respondía con un no sé categórico a cualquier pregunta que le formularan, perplejidad socrática tan admirable como banal. Si le decían “¿por qué empezó a escribir?”, respondía “no sé”; si le cuestionaban sobre el amor o la guerra, “no sé”. ¿La poesía, el arte, su vida?, “¡no sé, no sé, no sé!”.

Acaso Odiseo debió sentirse igual cuando enfrentó a la esfinge.

Esa actitud hierática provocaba en el público complejo de enanismo, como si fuésemos parte de una jungla microbiana a la que ese gigante de 1 metro 65 centímetros y no más de veinte años se acercaba con microscopio y forrado con preservativos de látex ultra resistente.

El otro poeta nos dijo que el día anterior estuvieron en una fiesta con su editor ecuatoriano y otros colegas. Había corrido la cerveza y ambos tenían resaca. En la cara de alguno de los asistentes se pudo detectar la sorpresa: “¿beben los poetas?, ¿no dice la ‘profe de lite del cole’ que los escritores son angelitos pulcros y castos que predican moralidad y buenas costumbres?”

En medio de estas lindezas, el editor sugirió que leyesen sus poemas. La sensación general fue que la biblioteca se transformaba en una plaza de toros y que aquella había sido la llamada al ruedo para el inicio de la faena.

El más joven acometió al primer toro de la tarde con desgano, sin arrimarse al pitón de la bestia poética. Era un torero diva en plaza de pueblo. Luego de dos o tres desplantes exagerados y de poco brillo, despachó al animal sin pena ni gloria y solo después de que su editor le tocara tres avisos, indicándole que debía pegar el micrófono a la boca, pues no se le escuchaba.

Su colega entró con más enjundia al ruedo. Se notaba cierta torpeza en sus lances, pero había audacia y entrega. Resolvió el último tercio de la lidia con un par de versos efectivos aunque no extraordinarios.

Machado te dice: "quiero una big mac sin cebollas, papas y cola agrandadas, un McFlurry y una orden nuggets para llevar".

Machado te dice: “quiero una Big Mac sin cebollas, con papas y gaseosa agrandadas, un McFlurry y una orden de nuggets para llevar”.

Este matador no era frío. Por el contrario, vigoroso y eso que hablaba de temas mucho más distantes de los que habitaban en la poesía de su compañero, quien escribía de la madre, el amor y el sexo con la misma frialdad con que un profesor de matemáticas dicta a los colegiales: “en un bus viajan x número de estudiantes…”

El tercero y el cuarto de la tarde llegaron después de una confusa rueda de preguntas en las que se escucharon cuestionamientos del tenor de “¿cómo se llama la chica que te inspira?” o “¿por qué los poetas escriben difícil y no sencillo para que entendamos?”.

No hay mucho que decir de la faena de ambos matadores en esta ocasión, salvo que al más joven casi no entra al ruedo. Solo la invitación un tanto indignada de su editor lo persuadió.

El penúltimo de la tarde fue el mejor. Al poeta más joven por fin le llegó el estro. Probablemente quiso cortar un par de orejas con su faena y por la expresión de los asistentes es evidente que hubieran colaborado con él, emulando todos a Van Gogh.

El caso es que el matador acometió a la fiera poética con bravura, con los desplantes propios de un Manolete literario y remates de pecho, gaoneras y una que otra chicuelina. La bestia, no obstante, se resistía y los versos sonaban a veces a bufidos o a quejas desesperadas.

El público de la plaza contemplaba maravillado la faena, incapaz de escoger una reacción adecuada: espanto (al empezar), alivio (al concluir) o indignación (en cualquier momento). El otro matador intentó arrancar con la lidia del sexto de la tarde, pero desistió al notar que, en medio del frenesí, su compañero no solo había despachado a su bestia poética, sino también a la de él.

Como no había botellas o almohadones que lanzar al ruedo, salimos todos en silencio del coso – biblioteca como en un velorio y acaso era lógico, al fin y al cabo “algo” había muerto ese atardecer.

29 de febrero

3 Mar
Ingmar Bergman_Septimo Sello

Jugando al ajedrez con la muerte. Fotograma de “El séptimo sello” de Ingmar Bergman.

Única conoció a mi abuela cuando ambas tenían 15 años.

Ella murió un par semanas después de cumplir 80 y su amiga de toda la vida fue al velorio. Era una mulata bellísima a la que nadie dejaba de mirar. Tenía 31.

La primera vez que la vi fue en mi décima fiesta de cumpleaños. No lograba comprender que mi abuela hablara de ella como una conocida de la infancia pese a su juventud.

“¡Hijito, nació en 29 de febrero!”. No comprendí.

Cuando yo estaba camino a los 33 y ella a los 36, aún la amaba, sin atreverme a confesárselo. Era evidente que solo le provocaba esa lástima con olor a naftalina que sienten los viejos por los adolescentes que pierden su vida entre bares y putas.

Cumplir un año cada cuatro es más una desventaja que una ventaja. Claro que ella había visto mucho – no voy a caer en ridículos catálogos históricos –, pero así como conoció gente, tuvo que enterrarla. Amigos, familia, siempre era igual.

Sus biznietos ni siquiera la recordaban, vivían como si Única hubiese muerto años atrás, obligándola a arrimarse a cualquier amigo nuevo, a sabiendas de que también lo iba a perder.

Una tarde lluviosa, me invitó a visitarla en su casa para mostrarme un álbum donde aparecían ella y mi abuela durante unas vacaciones en la playa. Al llegar, la encontré bebiendo una botella de whisky, estaba borracha y apenas entré, me arrinconó contra la puerta y dijo que sabía muy bien las ganas que le tenía. “Esta será la primera y última oportunidad que le daré a un mocoso como tú”.

Si piensan que voy a narrarles una aventura eróticoromántica se equivocan. Tuvimos sexo, pero con torpeza. Yo estaba más nervioso que excitado y ella más arrepentida que feliz.

En todo caso, cumplimos con la faena lo mejor posible y luego dormimos, acaso para evitar las conversaciones embarazosas y las caricias por compromiso.

Al despertar, tuve la sensación de haber dormido por años. Durante unos instantes permanecí en silencio, con la mirada fija en el techo y sin mover un solo músculo para evitar que Única despertase, pero como no escuché ni siquiera su respiración volteé a mirarla. Solté un alarido.

Estaba muerta.

Lo supe de inmediato porque la escultural mulata ahora era una pasa arrugada y amarillenta, casi sin cabello y más cercana a una momia que a la mujer que penetré.

Tal vez debí llamar a la policía en seguida o a una ambulancia o a la morgue, no sé, pero lo único que hice fue sentarme en silencio con las piernas cruzadas al estilo de un yogui, pensando que mi amor, o tal vez el amor en general, fue lo único capaz de acabar con su eternidad.

Contrabandista de órganos

17 Feb
trasplante_de_corazon

Siempre he imaginado que la frase “¡te entrego mi corazón!” se refiere a esto.

La costumbre era regalar corazones de chocolate hasta que estalló la plaga que aniquiló todos los cultivos de cacao. Desde entonces los amantes optaron por arrancarse su propio corazón – verdadera prueba de amor – para obsequiarlo durante el día de San Valentín.

El único problema fue que, con el transcurso de los meses y el declive del amor entre las parejas, el corazón se pudría.

Al principio, a nadie parecía importarle pero, poco a poco, la gente capaz de donar escaseó, creándose una necesidad que la ciencia y el Estado eran incapaces de suplir.

Las bandas criminales se dedicaron, entonces , a secuestrar personas para arrancarles el órgano y venderlo en el mercado negro a los adictos del placer efímero. Yo fui uno de los que sucumbió a este negocio.

Cuando vendí el corazón de mi mujer a nadie pareció importarle. Sin embargo, a medida que crecía la demanda, mis colegas y yo notamos que era imperativo conseguir más donantes, toda vez que no alcanzaba solo con los miembros de nuestras familias.

Capturamos las pocas colegialas con corazón que quedaban y, al terminarse, optamos por secuestrar bebés. Al poco tiempo, se acabaron las existencias dentro del país y seguir el negocio en otro era imposible porque las bandas locales cuidaban violentamente sus territorios.

Todo se agravó el día en que los científicos declararon que, en un giro lamarckiano, la nueva generación de humanos nacería sin corazón.

Aquel evento nos obligó a cambiar las perspectivas de nuestra empresa. Hoy, somos perfectamente legales y estamos clonando gente para arrancarle ese músculo. No es grave: se toma lo útil y se desecha lo demás.

Mientras escribo estas líneas aguardo a que uno de mis colegas me extraiga una muestra de ADN para producir una nueva camada de donantes.

En realidad me siento muy feliz: a fin de cuentas, ahora millones de personas poseen mi corazón.

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