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La Historia a través de los ojos de Asimov

13 Ene

Texto originalmente publicado en el sitio Ciencia Ficción en Ecuador de Iván Rodrigo Mendizábal el 11 de enero de 2016.

Disponible también en La Casa Ártica.

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No descubrí a Isaac Asimov gracias a la Ciencia Ficción. De hecho, el primer libro suyo que toqué fue una historia de Grecia antigua, The Greeks: A Great Adventure, que mi padre y yo devoramos en un fin de semana.

Russian-born American author Isaac Asimov is seen in 1974. (AP Photo)

Cuando te dicen que no vas a dejar de ser virgen porque te gusta la Ciencia Ficción. 😦

Pese a que muchos desconocen esta faceta, lo cierto es que leer un libro de Historia escrito por Asimov es un regalo que todos deberíamos hacernos al menos una vez en la vida. Los exquisitos dirán que se trata de libros incompletos o demasiado simples, pero precisamente la sencillez es su mayor cualidad.

Comúnmente conocida como “Historia universal Asimov”, consta de catorce volúmenes ilustrados con mapas y líneas cronológicas. Está escrita en un lenguaje sencillo y resume los acontecimientos políticos y militares más importantes de diversos periodos, desde el surgimiento de la civilización en Mesopotamia y Egipto hasta los Estados Unidos de la Primera Guerra Mundial.

Como un buen maestro, Asimov describe las conquistas de Julio César como si se tratara de una novela de aventuras. El lector jamás siente el paso de las páginas, pues su lenguaje es tan agradable como atrapante y la misma cualidad de sus cuentos se refleja en la Historia, es decir, uno se deja llevar tranquilamente por cada tomo, al tiempo que es impulsado a investigar más.

Cuando terminé con esta colección, leí otras obras de Asimov. Vinieron entonces sus relatos de robots y de civilizaciones extraordinarias, pero este fue un placer al que solo llegué a través de sus libros menos conocidos.

Su obra de ficción es maravillosa, sin embargo, hay algo mucho más importante: su fe en el progreso intelectual del ser humano.

Asimov comprendió pronto que los especialistas transformaban –en realidad, aún hoy lo hacen– a las ciencias exactas y sociales en misterios descifrables únicamente para una casta de iniciados, a la que cualquier individuo común y corriente no debe acceder.

Alianza Editorial y sus aciertos (sin sarcasmo, ¡de verdad, en serio, sí, verídico!).

Alianza Editorial y sus aciertos (sin sarcasmo, ¡de verdad, en serio, sí, verídico!).

Su intelecto superior comprendió que aquello era un despropósito e hizo todo lo que estuvo a su alcance para, desde una revista o desde sus libros, combatir la ignorancia. Comprendía que nadie, ni él mismo, llegaría a “saber todo”, pero el objetivo de su cruzada era desconocer menos.

Escribió sobre Historia con la misma pasión que puso en la Física o la Química. Era un adelantado a su tiempo y como tal, sabía que entender el pasado es una obligación de aquellos que aspiran a un mejor futuro y que las naves espaciales del siglo veintiuno son el resultado de la primera chispa de fuego que un grupo de homínidos encendió hace cientos de miles de años en un lugar ya olvidado.

Asimov era un escritor de Ciencia Ficción sin duda, pero sobre todo era un cerebro universal y acaso, él mismo, un personaje de ficción especulativa, toda vez que, viviendo en un mundo obsesionado con la especialización, donde los matemáticos se rehúsan a leer a Shakespeare y los sociólogos a Gödel; se adelantó a su tiempo y abrazó todos los campos que pudo con humildad y no con el fin egocéntrico de solo él saber más, sino con el grande, el altruista: ser el catalizador para que los otros, sus congéneres, crezcan espiritualmente y lleguen a las estrellas.

Romain Gary o el suicida que se mató varias veces

29 Oct

Romain Gary escribió: “Émile Ajar soy yo” y luego se voló los sesos con una pistola.

Romain Gary

Romain Gary

Tanto Gary como Ajar habían ganado el premio Goncourt, el más importante de las letras francesas y el mismo que solo se puede recibir una vez en la vida.

Sin embargo, ambos eran la misma persona. Aquellos nombres no eran más que los seudónimos – o los heterónimos – del lituano de origen judío, Roman Kacew.

Durante su juventud, él y su madre vivieron en diversas ciudades. Desde Vilna – en la que nació – hasta Varsovia y Niza, donde llegó a dominar el francés y decidió ser escritor.

Su madre le dijo que un nombre tan eslavo como el suyo no era adecuado si quería convertirse en una estrella de las letras francesas, por lo que durante meses, el joven buscó el seudónimo adecuado. Con los años, esta necesidad se convirtió en un placer, en un juego con el que el artista se escondía de los críticos y de los lectores para burlarse, desde una trinchera, de la banal crueldad de estos.

Romain Gary fue la primera máscara que adoptó Kacew y con ella publicó “Les racines du ciel” en 1956, novela que le hizo acreedor al premio Goncourt.

Se convirtió en un icono de las letras, pero, con el tiempo, los críticos y los lectores lo abandonaron, interesándose más en su vida personal, llena de vaivenes y escándalos por sus ideas políticas o por su matrimonio con la trágica actriz, Jean Seberg.

Jean Seberg también fue la protagonista de "Diana o la cazadora solitaria", una autobiografía novelada de Carlos Fuentes, quien fue su amante por un tiempo en México...

Jean Seberg también fue la protagonista de “Diana o la cazadora solitaria”, una autobiografía novelada de Carlos Fuentes, quien fue su amante por un tiempo en México…

La crítica, implacable, calificó a su literatura de trasnochada – “con aroma a romanticismo rancio” –, al tiempo que se entregaba a los encantos de un misterioso y joven escritor que, desde Río de Janeiro, enviaba sus novelas a la editorial Gallimard.

Nadie, ni sus editores, sabía una palabra de la vida de este joven escritor que se hacía llamar Émile Ajar y, pronto, muchos intelectuales sospecharon que él no era más que un disfraz tras el que se escondía algún autor consagrado como Raymond Queneau o Louis Aragon.

Lo cierto es que nadie imaginó que el trasnochado Gary se había puesto de sombrero a los críticos, a Francia y al mundo entero, transformándose en un genio adolescente de origen exótico.

Pero el triunfo definitivo de Kacew/Gary/Ajar – entre otros seudónimos – se produjo cuando los críticos que menospreciaban al escritor trasnochado otorgaron el Goncourt al misterioso Émile. Rabo y orejas se llevó el lituano nacionalizado francés, pues había violado el primer mandamiento del premio, poseyéndolo dos veces.

Las risas, sin embargo, duraron poco. Romain Gary ahora debía cargar sobre su espalda con el peso no solo de uno, sino de dos escritores famosos que competían entre sí. Incluso tuvo que convencer a un familiar suyo para que prestara su cara a Emile Ajar.

Su escape se transformó en una cárcel.

"Mimos" una novela escrita en forma de anillos (léala y comprenderá).

“Mimos” una novela escrita en forma de anillos (léala y comprenderá).

En 1979, Jean Seberg, su exesposa, se mató. Al parecer se había suicidado con una sobredosis de barbitúricos, incapaz de soportar la pérdida de su bebé y el acoso del FBI, que organizó una serie de campañas en su contra por considerarla simpatizante de los Panteras Negras, activistas afroamericanos.

Romain Gary no pudo superar la pérdida y apenas unos meses después decidió seguir aquel camino.

Hace unas semanas terminé de leer la novelaMimos” que lleva la firma de Emile Ajar. En esta, un hombre insignificante busca salvarse del anonimato a través del amor. Todos los días, espera con alegría la salida de la señorita Dreyfus, una compañera de trabajo, para verla aunque sea unos instantes, perdiéndose en sueños románticos que jamás pasan de eso.

Su hambre de amor lo empuja a adoptar una pitón para que su abrazo violento le haga sentirse amado. Eventualmente, el hombre insignificante se funde con el reptil hasta el punto de ser absorbido y termina en un manicomio, incapaz de detectar las diferencias entre el hombre y la fiera.

Acaso el fin de aquella novela es una alegoría de la vida del autor y de cualquier individuo de clase media o alta que ha vivido en la segunda mitad del siglo veinte: las comodidades, el lujo y la fama se utilizan como sustitutos sintéticos para la falta de amor. Son como el abrazo de la pitón que saca de la invisibilidad, pero solo para conducir al aislamiento, la demencia y el abandono.

(Lea este texto también en la web La Casa Ártica.)

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