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Apócrifo

6 Dic
Toledo, 12-09-2006.- Imagen de una de las obras que componen la exposición sobre Dalí que se inaugura mañana en Cuenca. ©Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Cuenca, 2006

El Quijote a través de los ojos de Dalí. ©Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Cuenca, 2006

La segunda parte de la novela cayó en sus manos cuando aún estaba inconclusa y solo la muerte podía vengarlo.

Buscó al plagiario entre escritores y escribidores, amigos y enemigos, pero hasta su nombre era apócrifo.

— Debe ser un poeta

— Pero el libro tiene errores que un escritor no cometería.

— Es una trampa para desviar la atención.

El autor, entonces, decidió ejecutar su venganza – el nombre del enemigo aparecería tarde o temprano, sin duda –. Se sentó frente a la mesa y se puso a garabatear sin pausa, despreciando la llegada del alba o de la noche.

Meses después, la venganza estaba lista:

… suplico a los dichos señores, mis albaceas, que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe, porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos.

Era el año 1615. El autor que se escondía bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, el plagiario, jamás apareció y Cervantes había comprendido que la única forma de vencerlo – a él y a cualquier otro impostor – era matando al Quijote.

El color de los tulipanes

31 Oct
Amaterasu, la diosa del sol

Amaterasu, la diosa del sol

El estudiante japonés era brillante. La Sorbona lo becó para que obtuviera un doctorado en literatura inglesa.

Los profesores lo admiraban por su capacidad para los idiomas y su gran cultura.

Con frecuencia hipnotizaba a sus compañeros con historias sobre Japón, plagadas de máscaras demoniacas, festivales de fertilidad, guerreros y haikus.

Las mujeres lo veían como a un ser mitológico: feo, pero misteriosamente atractivo.

La noche en que la estudiante holandesa fue a su casa para cenar, el cielo estaba despejado en París. Era junio, la primavera daba paso al verano.

Ella se sentó a la mesa. El estudiante japonés le había ofrecido comida típica.

Hablaron de Amaterasu, la diosa del sol.

— Se encerró en la Cueva Celestial y el mundo quedó en penumbras.

Le dijo que todo moría por la falta de luz.

La holandesa quiso saber cómo hicieron para que la diosa saliera de la cueva.

El japonés fue a la cocina y ella volvió a preguntar.

— Con un espejo – dijo al fin.

De pronto, un estruendo y luego, silencio.

Días más tarde, la policía descubrió a un hombre intentando sumergir dos maletas en el lago del Bosque de Bolonia.

Lo detuvieron.

En la estación, declaró que la carne humana era suave como el atún y la grasa, amarilla como el maíz o ciertos tulipanes.

— Me llamo Issei Sagawa y soy poeta – concluyó.

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