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Apócrifo

6 Dic
Toledo, 12-09-2006.- Imagen de una de las obras que componen la exposición sobre Dalí que se inaugura mañana en Cuenca. ©Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Cuenca, 2006

El Quijote a través de los ojos de Dalí. ©Salvador Dalí, Fundació Gala-Salvador Dalí, Cuenca, 2006

La segunda parte de la novela cayó en sus manos cuando aún estaba inconclusa y solo la muerte podía vengarlo.

Buscó al plagiario entre escritores y escribidores, amigos y enemigos, pero hasta su nombre era apócrifo.

— Debe ser un poeta

— Pero el libro tiene errores que un escritor no cometería.

— Es una trampa para desviar la atención.

El autor, entonces, decidió ejecutar su venganza – el nombre del enemigo aparecería tarde o temprano, sin duda –. Se sentó frente a la mesa y se puso a garabatear sin pausa, despreciando la llegada del alba o de la noche.

Meses después, la venganza estaba lista:

… suplico a los dichos señores, mis albaceas, que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe, porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos.

Era el año 1615. El autor que se escondía bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, el plagiario, jamás apareció y Cervantes había comprendido que la única forma de vencerlo – a él y a cualquier otro impostor – era matando al Quijote.

Los lectores se congelan en Quito

4 Ago

En el mundo de Fahrenheit 451 los libros se queman, pero en Ecuador, se congelan.

Según un estudio de la UNESCO, en este país se lee medio libro al año, mientras que en China, Noruega, Suecia o Finlandia, cuarenta y ocho. En términos futbolísticos, somos la selección de Samoa que perdió 31 a 0 contra Australia…

Se podría aventurar cientos de explicaciones – bibliotecas públicas mal provistas, alto precio de los libros, poca o nula iniciativa estatal, falta de interés, etcétera –, pero lo cierto es que Ecuador no está solo, la mayoría de América Latina, y hasta España, mantienen cifras bajas, lo que seguramente explicaría el nivel de los políticos que elegimos.

LibriMundi de la calle Juan León Mera.

LibriMundi de la calle Juan León Mera.

Unas semanas atrás se supo que la antigua casa de LibriMundi en la calle Juan León Mera iba a cerrar sus puertas luego 43 años, al tiempo que Librerías Crisol levantaban anclas y se volvían al Perú.

Por un lado, malas noticias porque quedan cada vez menos alternativas para comprar libros y por otro, buenas porque aparecen los saldos, lo que, aquí, es menos frecuente que ver llorar a un cuadro de la Virgen María.

El problema es que estoy desempleado, de manera que comprar libros, aun a mitad de precio, se convierte en un deporte extremo…

Las dudas, sin embargo, se disiparon cuando el Fondo de Cultura Económica (FCE) de México aterrizó en Quito, esa misma semana, luego de una larga espera.

Centro Cultura Caros Fuentes de Quito. Fotografía de Notimex.

Centro Cultura Caros Fuentes de Quito. Fotografía de Notimex.

Aquel fondo editorial, enfocado en temas como antropología, política, sociología, literatura y filosofía, se plantó en Ecuador con el apoyo de los gobiernos de Ecuador y México, con la idea de fomentar la cultura en sus diversas manifestaciones, esto es, no solo a través de la venta de libros, sino de espacios como galerías, conversatorios, presentaciones artísticas.

No pudo escoger mejor hospedaje que la antigua casa del expresidente Galo Plaza en la avenida 6 de Diciembre y tampoco un nombre más apropiado para el Centro Cultural que el de Carlos Fuentes, escritor azteca que vivió en este país y que abogaba por la creación de una cultura latinoamericana que superase los torpes nacionalismos, en los que, gracias a la politiquería, nos empantanamos desde hace un siglo.

El tour de compras empezó en Crisol. La tienda del Quicentro Shopping de aquella cadena estaba muy diferente a como la recordaba cuando fui librero. Tenía el aspecto de una casa saqueada más que de librería y todo estaba listo para el viaje final de regreso a Lima.

Supe que los libros que aspiraba a comprar habían caído en manos de viciosos clientes que, como yo, se aprovechaban de los despojos del mundo librero ecuatoriano. Hallé, de todas maneras, tres volúmenes interesantes y los adquirí, advirtiendo que no necesitaba que me los empaquetaran porque me los llevaría puestos.

El pozo de la antigua casa de Galo Plaza.

El pozo de la antigua casa de Galo Plaza.

Al Centro Cultural Carlos Fuentes fui dos veces, la primera solo y la segunda con mi novia. Cuando no fui acompañado, compré un libro de crónica periodística latinoamericana, edición conjunta del Fondo de Cultura Económica y de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, y una antología del relato colombiano en dos tomos.

El gato de Cheshire del Centro Cultural.

El gato de Cheshire del Centro Cultural.

Contentísimo volví al día siguiente con mi novia, interesado en explotar su amor con fines literarios, pero no cayó en la trampa. Optamos, no obstante, por pasear dentro de la librería, los jardines y el resto de la casa.

El ambiente no está viciado como el de las tiendas de los centros comerciales, por lo que el visitante puede tomar un café, conversar e incluso sentarse a respirar al borde de un viejo pozo mientras cierto gato con sonrisa de Cheshire se soba contra las pantorrillas o caza algún bicho entre el pasto.

Es refrescante saber que, pese a que proyectos interesantes quedaron truncos, como el de Crisol – que quiso, sin perder el sentido comercial, elevar el nivel de literatura que se vende en esta comarca – o el de Enrique Grosse – Leumern en LibriMundi; surjan iniciativas como la del Fondo de Cultura, que desestiman el objetivo meramente comercial y se enfocan en lo intelectual.

*Lea este artículo también en el blog Ciencia Ficción en Ecuador.

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