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Linaje de asesino

13 Nov
Nathalia Pushkina

Nathalia Pushkina

Le entregaron la carta a Pushkin después del desayuno. Decía que su mujer era una puta.

Intentaron convencerlo de ignorar el anónimo. Era imposible porque él estaba seguro de la identidad del autor.

Se trataba de Georges D’Anthès, militar alsaciano al servicio de la corte rusa y un seductor en toda regla.

Natalia Pushkina lo había rechazado, pero él jamás toleraba un no por respuesta.

En la guerra y la política, aceptar una negativa es sinónimo de fracaso. ¿Por qué el amor iba a ser diferente?

D’Anthes y sus compinches divulgaron entonces una serie de cartas en las que humillaban a los Pushkin. El poeta quedaba como un pusilánime y su mujer como una prostituta.

El duelo fue inevitable.

Sin ánimo de evitar los clichés, se hizo al amanecer, luego  de una noche nevada. Escogieron las pistolas para batirse.

Hubo un disparo y Pushkin cayó. La sangre brotaba de su vientre, pero pudo reincorporarse, hiriendo en el brazo a su rival…

Unas horas más tarde, dos oficiales llegaron a la casa de Georges D’Anthès, llevaban una carta de Pushkin y su orden de arresto.

El poeta lo perdonó antes de morir.

Georges D'Anthès

Georges D’Anthès

— Ese es D’Anthès, el biznieto del hombre que mató a Pushkin – le dijeron a Neruda en París.

Quiso conocerlo.

Era encantador. Amante de las intrigas políticas – como su ancestro –, pero reacio a hablar del “incidente ruso”.

— ¡Calumnias, fue un santo!

El poeta insistió

— Mire, señor Neruda: mi bisabuela prohibió hablar del tema y ni después de muerte nos atrevemos a contrariarla; recuerde que Natalia Pushkina era su hermana.

Hemingway contra Borges

25 Jul
Hemingway_drink

Hemingway y su concepto del arte.

“Me divertí muchísimo con usted o tal vez deba decir gracias a usted, por eso y porque no suelo responder si no es con los puños, he decidido ignorar la mierda que escribió sobre mi ‘Tener y no tener’”.

Así empieza la última de las dos cartas que Hemingway envió a Borges.

“No me malentienda: no le guardo rencor”, continúa Hemingway, “incluso he decidido hacerle un regalo”.

El obsequio consistía en una edición “in quarto” de “Rey Lear” del año 1620.

En la carta, el estadounidense le explica a Borges que cierto amigo en París descubrió, “no me dijo dónde o cómo”, esa tercera edición “in quarto” – se conocían solo dos – y que pese a ser una joya, “está dispuesto a venderla por un buen precio a un amante de Shakespeare. Sé que usted cumple mejor que yo con esa condición”.

Borges y Bioy, casuales, burlándose de Hemingway.

Borges y Bioy, casuales, criticando a Hemingway.

Para entonces, la obra de Borges ya era conocida en Europa, por lo que, según Hemingway, no fue difícil convencer al coleccionista para que vendiese el libro. Concluye la carta con las indicaciones para contactarlo, adjuntándose algunas fotografías.

La historia hubiera quedado inconclusa, pero en 1999 se hallaron fragmentos de un diario de Bioy Casares que mencionan el episodio[1].

Borges, pese a sospechar un engaño, no pudo resistirse y le propuso a su amigo que le hiciera un préstamo. “Naturalmente, jamás pensé en cobrárselo”.

El dinero llegó a Francia, pero el libro no a Argentina.

Enviaron cartas, contactaron amigos, sin conseguir cosa alguna. El comerciante se había esfumado.

Borges estuvo amargado durante meses, hasta que una tarde, después de almorzar con Silvina Ocampo, le pidió a Bioy que lo acompañara al correo.

“A estas alturas, importa poco lo que piensen de mí, pero si no mando esta carta estaré intranquilo. Tome, léala.”. En inglés decía:

 

Hemingway:

 

Felicitaciones, la broma lo ha convertido en uno de sus personajes. Claro, usted y yo sabemos lo poco que valen.

 

Cordialmente:

 

J.L Borges

 

[1] Ediciones Destino no los incluyó en “Borges” (2006), acaso respetando la decisión de Bioy Casares de eliminar los fragmentos en el proyecto original.

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