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El único traidor de América

9 Oct
Una de las novelas de Kilgore Trout (¡imposible hallarla en Quitolandia!).

Una de las novelas de Kilgore Trout (¡imposible hallarla en Quitolandia!).

La entrevista al “único traidor de América”, Kilgore Trout, naufragó sobre la piel rosada de Marilyn Monroe.

En diciembre de 1953, Playboy publicaba su primer número con los desnudos de la estrella de “Some Like It Hot”. Solo “America’s worst enemy” podía competir con ella.

El autor de la entrevista fue un periodista desconocido que visitó a Trout en la prisión federal de Finletter, Georgia.

Hefner, igual que había hecho con las fotografías de Marilyn Monroe, compró el artículo para publicarlo como exclusiva.

“¿Siente arrepentimiento por haber traicionado a los Estados Unidos de América?”

“No tengo patria, vendo periódicos.”

Durante la entrevista, jamás se menciona que Trout había publicado un centenar de novelas de ciencia ficción y miles de relatos.

Para el entrevistador y el público en general, era un pobre diablo que se ganaba la vida repartiendo periódicos.

“¿Usted es comunista?”

“No. Más bien me gusta el aislamiento.”

“Muchos dicen que no es un criminal, sino un loco…”

“Como usted y todos los que dicen eso.”

La entrevista fue publicada poco después del estancamiento de la Guerra de Corea. El escritor se oponía a la intervención estadounidense.

Marilyn Monroe en Playboy.

Marilyn Monroe en Playboy.

Trout fue liberado un par de meses después, pero debía asistir al siquiatra una vez por semana y hacer trabajos comunitarios.

Nunca cumplió su sentencia y a nadie le importó.

En 2006, el escritor tuvo un infarto. Cierto adivino le dijo, horas antes, que George Bush volvería a ser presidente de los Estados Unidos.

La noticia del futuro lo mató.

Para cerrar la entrevista de 1953, el periodista soltó:

“Usted dijo que si el país se involucraba en la guerra, debía desaparecer…”

“Dije que debía irse a la mierda.”

En la página siguiente un pezón de Marilyn Monroe se erguía, indiferente a las sutilezas de la política.

Claves para leer “Underbreak”

20 Ene
Portada de "Underbreak"

Portada de “Underbreak”

Cristian Londoño Proaño publicó hace algunos meses “Underbreak“, su última novela, en formato digital. Se trata de una historia de ciencia ficción con un ritmo trepidante, capaz de atrapar al lector desde las primeras páginas como un buen thriller de Frederick Forsyth.

Londoño empieza su relato mostrándonos que en tres siglos el modo de vida de los humanos ha sufrido transformaciones enormes; no existen los países, pues el planeta ha quedado unificado en un solo Estado. Sin embargo, las corporaciones han tomado el control de diversos territorios donde los presidentes y sus juntas directivas tienen el capital suficiente para manejar ejércitos y ciudadanos. El gobierno mundial mantiene una constante pugna con estos pequeños estados feudales, luchando contra sus abusos y su corrupción.

En este marco, la policía terrestre posee una unidad especializada en la ejecución de los criminales que el gobierno central condenó pero que las corporaciones protegen. Este escuadrón funciona como una cuadrilla de sicarios que nadie puede identificar.

Uno de los agentes de esta unidad es el personaje principal de la historia y la orden de asesinar al presidente de una poderosa corporación que se dedica a la diversión de realidad virtual es el detonante para una trama conspirativa en donde nada es lo que parece.

Cristian Londoño Proaño

Cristian Londoño Proaño. Visite su página personal aquí.

Al leer las líneas de arriba se podría pensar que Londoño ha creado una simple novela de suspenso con trasfondo futurista. La realidad, sin embargo, es que la historia es un elegante pretexto para que el autor desenrolle, capítulo a capítulo, sus preocupaciones acerca del futuro y de la humanidad.

El texto esconde la sospecha de que la curiosidad científica y el afán creativo del ser humano lo pueden llevar a dañarse a sí mismo y nos obliga a reflexionar sobre los límites que estamos dispuestos a rebasar en pos del progreso.

A simple vista, el mundo que nos muestra Londoño es perfecto. La gente puede obtener lo que quiere gracias a las máquinas e incluso el amor y el sexo no complican a nadie porque la técnica ha conseguido emular casi todas las prácticas humanas, convirtiendo a los robots en sustitutos para las personas que no quieren o no pueden tener una relación sentimental con otro ser humano.

Incluso la justicia es tan perfecta que los criminales son ejecutados en silencio y a nadie le molesta verse libre de aquella que asumen es la escoria de la humanidad. El problema es que tampoco hay una sola persona que pueda asegurar que el dictamen fue justo, toda vez que el castigado no tuvo el derecho a un juicio legítimo. El gobierno dictaminó y, por ende, no debe existir error.

La realidad, sin embargo, es que el Estado llegó a tal punto que, por miedo a perder su hegemonía ante las corporaciones, pasa por alto cualquier procedimiento justo, limitándose a actuar como si los ciudadanos fueran objetos de las que puede disponer.

A estos, por otro lado, el placer los ha empujado a la pasividad total, convirtiéndolos en torpes marionetas de un régimen que esconde su perfidia bajo el refinado manto de lo cómodo.

 

Book trailer de “Underbreak”

Curiosamente, las primeras víctimas de este sistema son los mismos que, con su afán investigativo, ayudaron a crearlo: los científicos. La razón es muy sencilla: el Estado se sirve de sus capacidades para perennizarse, pero cuando ha exprimido todo el jugo, lo mejor que puede hacer es eliminar la cáscara, ya que comprende que esa misma inteligencia que le dio las herramientas para adquirir el control, puede descubrir la forma de quitárselo.

“Underbreak” atrapa desde el primer momento, cuando un hombre, aún desconocido para los lectores, rechaza el amor gélido que le ofrece su amante robot. De todas maneras, su valor no es simplemente el ritmo o los avances tecnológicos y científicos que nos describe, es algo mucho más profundo: la novela deja claro que, a pesar de su importancia, el ser humano no puede entregarse a un culto poco crítico de la técnica y no es que sea malo buscar, con la ciencia, un vida más fácil, pero sí lo es permitir que nuestros propios inventos, sean máquinas o sistemas de gobierno, terminen por anularnos, aniquilando nuestro esencia, nuestro espíritu.

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